75 años de los que hemos compartido 15

Sé que muchos de los que empecéis a leer este artículo -muchos ni eso, aunque daréis un me gusta en las redes sociales para que sepa que estáis- no llegaréis al final, pero quiero escribir lo que a mi me pide el alma desde hace días. Será un lujo si lo acabáis e, inluso, si comentáis o compartís, pero si no, ya es un privilegio saber que pasáis por aqui de vez en cuando,

Hoy el medio de comunicación en el que trabajo, Lanza y Lanzadigital.com, cumple 75 años de los que yo le he dedicado 15 pero él me ha regalado a mi 15 y algunos de los mejores momentos de mi vida y también de los peores: allí he reído y llorado, soñado, disfrutado, he hecho amigos, aprendido y -en las menos ocasiones pero también en alguna- enseñado.

En breve la empresa va a celebrar este 75 aniversario -en cuestión de días- con un especial que sin duda será un libro de referencia en el futuro porque contiene algunas de las mejores plumas de la provincia además del análisis de lo que ha ocurrido en este tiempo, desde aquel 20 de mayo de 1943 en el que por primera vez se voceó por las calles de Ciudad Real aquello de “Ha salido Lanza”.

Son dos los artículos que he escrito en ese extraordinario en el que muchísima gente ha querido colaborar porque formar parte de la celebración de los tres siglos de vida de un medio de comunicación en los tiempos que corren es un privilegio. Por eso no todos hemos podido escribir lo que queríamos e, incluso, quizá tampoco lo era adecuado.

Pero este pequeño rincón es mío y aquí puedo explayarme y escribir de lo que de verdad me apetece, de las experiencias personales porque Lanza, además de un medio de comunicación, se mete en tus venas y te sientes ‘lancero’, especialmente cuando tu vocación desde los siete años es ser periodistas y lo consigues en el periódico que siempre has visto en tu casa y en los bares, hasta el punto de que se pierde en los recuerdos cuándo lo viste por primera vez.

Incluso, como anécdota y quizá como premonición de mi futuro, trabajando en el especial antes referido encontré -y entonces lo recordé- cómo con 12 años salí en la contraportada de Lanza bajo el título “Las caras del día” gracias a que el gran José Luis Vázquez publicó como, junto a tres compañeras del colegio participamos en un concurso de TVE -cuando no existían siquiera las cademas privadas ;-)-

Dale la vuelta

La primera vez que aparecí en Lanza no fue firmando una noticia, sino siendo la propia noticia… ¡En 1989!

Mis procesos de selección en Lanza

La primera vez que entré en Lanza -tras haber pasado por Onda Cero y Efe- fue para sustituir una baja de un compañero que superó un cáncer, y la segunda fue la que volví para quedarme definitivamente -al menos hasta hoy-. La primera fue en 1999 y no olvidaré la cara de orgullo de mi padre cuando le dije que era yo la que había superado el proceso de selección.

Y la segunda -después de Crónicas de la Mancha, Onda Cero, Europa Press y TVCR- volví a presentarme a las pruebas en cuanto salieron, aunque en esta ocasión lo que no olvidaré es cómo quien entonces era jefa de administración, Carmen Serrano -nuestra “yaya” y celestina con mi marido, compañero en todos los sentidos- me llamó la tarde antes de mi boda en 2004 y me hizo el mejor regalo por adelantado: anunciarme que había superado las pruebas del tribunal con la mejor calificación.

Recuerdo especialmente de aquel último proceso una de las preguntas que en la entrevista personal me hizo quien hoy sigue siendo la directora del periódico, Laura Espinar. Me preguntó directamente “¿por qué quieres volver?” No tuve que pensarlo e instantáneamente respondí “porque nunca he dejado de sentir los colores de Lanza, aunque siempre he defendido todos los medios en los que he trabajado por encima de todo”.

La libertad de escribir sobre temas sociales

Una de las razones que me mantienen enamorada de Lanza como si fuera el primer día es la libertad que siempre se me ha brindado -más allá de las encomiendas que evidentemente hacen los jefes como en cualquier redacción, tanto de las previsiones existentes como de los temas de actualidad que hay que seguir- de poder escribir de los temas sociales que siempre he propuesto -además de hacerlo sobre teatro porque mi alma también tiene un trocito de ‘titiritera’-

Eso ha hecho que, sin ánimo de resultar pesante y hablando desde el corazón, me sienta orgullosa de noticias o reportajes que he escrito como el caso de Paula, una bebé a la que le denegaron el servicio de ambulancia para asistir a atención temprana y que, tras salir en los medios lo recuperó; el caso de Mónica, una luchadora que me hizo llorar durante la entrevista pero de la que aprendí muchísimo, o el de Ana, ejemplo de superación; y Fátima que junto a su equipo de implican al máximo con ellas.

Pero son solo unos ejemplos de cientos de reportajes a lo largo de estos años porque también me han dolido historias -sin contar los juicios por violaciones, asesinatos, agresiones sexuales, accidentes, malos tratos…- como la de Mohammed sobre como tuvo que desarraigarse y huir de Siria con su familia para no morir; o me han estremecido injusticias como las sufridas por familias como la de Rafael-Gómez-Pimpollo, María Paula Capilla, Petra Robles o Pilar Negrete que han visto, al menos en parte, dignificada la memoria de quienes les arrebató la memoria de la represión franquista. Porque perdonar no es olvidar

Pero también ha habido historias que, pese a que su temática es dura, están llenas de esperanza como la de Prado Bordallo, con una fuerza que te hace sonreir; la de familias dispuertas siempre a abrir las puertas de su casa para dar lo mejor a los niños como las de Carlos Organero y Victoria Rodríguez-Bodada o la de Montserrat del Pozo y te hacen creer en un futuro mejor; o la de Antonio Bordallo, que no se rinde gracias también a su mujer Jossefa Ramírez y a los que da ganas de abrazar cuando llevas cinco minutos con ellos -sobre todo cuando ves cómo se “corrigen” el uno al otro con esa complicidad que sólo una vida entera juntos deja-; pero también la de ángeles de la guarda que velan por nosotros las 24 horas de los 365 días del año como Enrique Sánchez, Nieves Sanroma, Ángel Díaz o Miguel Ángel Camacho en la UVI móvil sin olvidar a otros muchos héroes anónimos que también salvan vidas donando generosamente.

Algunas anécdotas

Se suele decir que un periodista vale más por lo que calla que por lo que cuenta, y a veces es verdad. Pero lo que tampoco contamos muchas veces son las miles de anécdotas que nos pasan al cabo de cada uno de los intensos días y que a veces te sacan de quicio, otras te emocionan pero, con el tiempo, todas te hacen reir.

Recuerdo como una de las primeras cuando, recién llegada casi, me encargaron que fuera a Tomelloso a cubrir el primer Día de la Provincia que celebraba la institución provincial, de forma que yo me encargaba de asistir al acto institucional y escribirlo, y otra persona se encargaría de los lúdicos que luego yo maquetaría al volver a la redacción. El problema fue que aquella persona se tomó tan en serio lo de lo “lúdico” que terminó intentando que uno de mis jefes hablara con la burra Margarita tras hacerlo con el camarero de la verbena… Y todo ello con cuatro páginas en blanco que, al final, logramos resolver.

Antigua redacción

Celebrando el nombramiento de Luis Campos como Pandorgo. Seis de los compañeros -al margen de dos becarios- ya no están en el periódico

De las últimas, al margen de un entrevistado que se equivocó al darme la dirección de su propia casa -dicen que los despistados es porque tienen su parte de genios- y que luego nos compensó con una fantástica hamburguesa vegana, fue el encierro que, a propósito, nos hizo el encargado del cementerio de Ciudad Real, que no sólo nos dejó a mi compañera fotógrafa -Elena Rosa- sino también a la entrevistada -Piñar Negrete-. Finalmente todo se solucionó cuando llegó la policía local, comprobó que no éramos precisamente unas delincuentes, y el Ayuntamiento de Ciudad Real terminó disculpándose.

Pero no ha sido el único encierro que he vivido por culpa de Lanza. Allá por principios de la década, la jefa de producción entonces, Marely, y yo nos quedamos trabajando en el extra de Semana Santa hasta pasadas las tres de la mañana. Cuando nos quisimos dar cuenta, los de talleres se habían ido quedando las dos solas en aquel antiguo edificio lleno de ruidos… Menos mal que ella tuvo reflejos y llamó a los vigilantes de la Diputación para que vinieran a rescatarnos…

Y una de las que más se recuerda en la redacción, incluso bromeamos a veces con el “finado”, fue cuando nos llegó la noticia de que nuestro colaborador de la sección de deportes, el entrañable y educadísimo Joaquín Muñoz, había fallecido. Yo estaba atónita porque lo había visto el día de antes tan estupendamente como siempre cuando venía a traer su crónica escrita a mano con perfecta caligrafía. Pero es que mis compañeros de la sección, también en shock y mientras comenzaban a recabar información para una merecida semblanza, lo primero que querían era localizar en qué tanatorio se encontraba para dar el pésame a la familia.

Tras acercarse a los dos de Ciudad Real y no encontrarlo, a mi compañero Paco Otero -armándose de un valor que yo no habría tenido- se le ocurrió llamar al móvil del “fallecido” porque era la única forma de comunicarse con la familia. Sin embargo la sorpresa saltó, casi podríamos decir que “no estaba muerto, estaba de parranda” porque se encontraba estupendamente viendo el partido del Manchego. Nunca supimos de donde salió aquel rumor del que se hicieron eco equipos y medios de comunicación, y que siempre recordamos cuando Joaquín vuelve a entrar a la redacción.

Hasta en mi boda estuvo presente Lanza, más allá de los invitados, porque ese día hubo una tormenta de verano que provocó que algunos invitados como Blas tuvieran que ausentarse un rato porque se inundó la rotativa y se fueron todos los equipos informáticos. Luego volvieron y lo celebramos por todo lo alto.

Compañeros siempre, incluso los que no están

Voy a ir terminando ya porque aunque podría seguir durante mucho, pero ya eres un valiente si has llegado hasta aqui, así es que no te torturaré más. Pero no puedo cerrar sin hablar de lo más importante que tiene Lanza, su capital humano que, tras muchas horas, en muchos casos lleva a establecer casi relaciones de familia -y en otras sin el casi, que en el periódico hay tres matrimonios que allí se conocieron-.

Yo recuerdo especialmente cuando, con sólo 23 años, llegué por primera vez sin haber maquetado en mi vida más que con un tipómetros -en las universidades públicas aún no se habían generalizado las nuevas tecnologías- y me destinaron al departamento de especiales. Además, como no había sitio donde estaban los periodistas, me colocaron con los maquetas: Ramón, Antonio, Fermín y Tomás que me acogieron bajo su protección, como una hija, y me enseñaron todo lo que sé de maquetación -no sé si será mucho o poco, pero me ha servido para maquetar un tercio de un ejemplar tan importante como el especial del 75 aniversario-.

Y como mis compañeros actuales saben lo que les aprecio, porque seguimos compartiendo risas, confidencias, problemas, aprendizaje -siempre necesario-, consejos y a veces hasta enfados en el día a día -¡ay si la máquina de café hablara- sé que me van a perdonar -ellos saben bien lo que son las cuestiones de espacio- si me refiero más a los que no están.

Para mí siempre serán compañeros aunque ya no estén, algunos porque se marcharon para siempre y otros porque se los llevó por delante la crisis, como Paco Tambores, Angelito, Juan Daniel, Manolo Caraballo o Elías que se encargaban de la vieja rotativa; Ramón y Filo que diseñaban la publicidad discutiendo siempre con Juan Pedro; Carmen, la primera mujer que entró en Lanza como secretaria de dirección y que se jubiló como jefa de administración; Tomasillo -para mí siempre lo será a pesar de su enorme estatura-; Paco López marchándose siempre el último de la redacción; Luis Campos con sus voces pero su enorme corazón; Manuel Valero siempre con sus teorías e incluso con la batamanta; Fidel con sus mil razonamientos y tan cabal; Jorge que vivió las grandes gestas del Balonmano Ciudad Real; Paco, Julián y Miguel que me volvían loca cambiando la publicidad casi in extremis de los especiales pero era necesario y siempre salíamos adelante, igual que Eva; Carmen que me sustituyó magníficamente con los extras; Lucio, quien siempre me trató con cariño; Belén compañera de cafés; la dulce Amelia

Y seguro que me dejaré a mil –Pilar de Valdepeñas, Pilar de Alcázar, Juan Pedro ya en La Solana donde están Paulino y Aurelio también.. -porque no sólo han ido pasando compañeros de forma temporal sino que he contribuido -aunque sea con un mínimo grano de arena- a la formación de grandes profesionales que han trabajado con nosotros codo con codo como becarios como José Manuel, Ángel, Celia, Flores, Virginia

Lanza ha sido y es una gran escuela de periodismo pero también de buenas personas como Antonio -con el que me casé-, mis sumisas insumisas, Marcos -que algún día logrará no ir corriendo de un lado a otro-, Blas -protestando aunque siempre que podía te ayudaba-…. La lista sería interminable, igual que la de personas a las que he conocido gracias a este periódico y sin las que ya no imagino mi vida porque han pasado a ser amigos -y no puedo evitar poner de ejemplo, en nombre también de otros- a José que me soporta y apoya muchas veces-.

Compañeros actuales

Brindando por el futuro de Lanza, aunque no están todos los que somos -¿dónde se meterían Antonio, Otero, Raúl, Elena, Clara, Jacinto, Antonio, Mónica…?

La historia de cada ciudadrealeño es la historia de Lanza

Ya me despido -si has leído todo el texto completo, recuérdame que te invite a unas cañas- deseando una larga vida a Lanza porque lo merece y porque es necesario, porque tiene grandes profesionales que combinan juventud y experiencia y que son capaces de dejarse la piel porque “se sienten Lanceros”.

No es la primera vez que digo alto y claro que estoy orgullosa de Lanza pero esta vez quiero recordar además que todos deberíamos tener en cuenta que, como medio decano de Castilla-La Mancha, la historia de los ciudadrealeños es la historia de Lanza. Y la historia de Lanza es la mía.

¡Felicidades y a por 75 más!

Como siempre me despido con música…

Y por mi edad no me resisto, jajaja…

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Yo si te creo. Te violaron.

Manada

Ilustración de Paula Boneti

Tengo una sensación muy agridulce a la hora de escribir estas líneas pero reconozco que tengo que hacerlo, que necesito chillar para que este grito no se quede atascado para siempre en mi interior.

Yo si te creo C. A tí te violaron aquellos sanfermines, convirtiendo lo que debería haber sido una fiesta de una chica joven, 18 añitos casi una cría que empieza a disfrutar de su mayoría de edad, en tu cadena perpetua sin que, además, tengas siquiera el beneficio de que sea revisable.

Cuando he empezado a escuchar el fallo, reconozco que mi corazón ha dado en primera instancia un salto de alegría al escuchar “debemos condenar y condenamos”, tanto que apenas me ha dejado entender la siguiente frase del magistrado que, en voz baja, hablaba de abuso sexual y no de agresión sexual.

No por esperada una sentencia tan suave -si, habrá quien diga que 9 años de cárcel son un infierno pero no olvidemos que llevan dos y no tienen antecedentes penales por delitos similares, lo que, unido a su buen comportamiento, les hará estar en la calle en unos meses, un año a lo sumo- es menos dolorosa.

Sí C. Hoy, como mujer, las palabras del juez se me han clavado en el alma -y eso que no voy a decir nada del que ha emitido su voto particular de absolución porque ni merece un minuto de protagonismo-.

Me has dolido tú. No te conozco, no sé como es tu rostro, pero he sentido tus lágrimas al sentirte violada por tercera vez. No sólo en aquella infausta noche de julio de 2016, sino también a finales del año pasado durante un juicio en el que a quien se cuestionó fue a tí, a quien siguieron fue a tí y en quien pusieron el foco fue a ti.

Y hoy, hermana, han vuelto a violarte. Con la ley en la mano, sí. Pero es que la ley se puede aplicar de muchas maneras y a tí un tribunal ha venido a decirte que no te violaron, que lo que tú sentiste, no era cierto. Que simplemente abusaron de tí y con 50.000 euros está pagado tu sufrimiento. Porque no olvidemos que has tratado de ser una mujer fuerte y luchadora y eso penaliza a las víctimas.

Hoy los jueves no han tenido en cuenta que lo que a tí te hicieron no fue un acoso sexual sino una agresión sexual en toda regla que, legalmente, “se trata de acceder al cuerpo de la otra persona para una actividad explicitamente sexual, sin consentimiento y mediante la violencia. Su forma más grave es la penetración, pero no la única”.

A tí C, te penetraron por donde quisieron y como quisieron sin tu consentimiento. Porque no resistirse no es acceder. Porque a todos nos han enseñado, por ejemplo, que si intentan atracarnos, entreguemos la cartera para evitar que nos puedan matar. ¿En ese caso somos cómplices, no hay robo porque no nos hemos rebelado?

C, tú hiciste lo que probablemente hubiésemos hecho muchas ante cinco tíos grandes y fuertes: cerrar los ojos y esperar a que todo acabara lo antes posible, con una actitud de derrota que no te llevara a una muerte como la de Nagore por resistirse. Tú no hiciste nada malo, tú trataste de sobrevivir a la violencia de cinco malnacidos que reían, disfrutaban y te grababan mientras te vejaban, te violaban y te humillaban. Porque ellos, carentes de una hombría real, se sentían así más hombres.

C, amiga, sé que mis palabras de poco te pueden servir ante este ensañamiento que se ha producido contigo, pero sólo me gustaría que sintieras que nosotras sí te creemos y que nosotras sí somos tu manada.

Y ellos, a quienes hoy también he visto su nombre en iniciales, sólo me queda decirles algo: José Ángel Prenda, Alfonso Cabezuelo, Antonio Manuel Guerrero, Jesús Escudero y Ángel Boza espero que C. recurra y entonces sí caiga todo el peso de la ley que merecéis por semejante salvajada, de las que os jactásteis por sentiros más viriles.

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