Invisibles…

Quizá la leyenda del cartel "reutilizable" debería hacer entender a la sociedad que todos somos imprescindibles

Quizá la leyenda del cartel “recuperable” debería hacer entender a la sociedad que todos somos imprescindibles

La semana pasada un amigo -gracias Carlos por compartir- colgó en Facebook un vídeo en el que hacían pasar a varias personas delante de sus familiares, caracterizados como personas sin hogar, para demostrar que pasando delante de ellos, a escasos centímetros, no reconocían a sus padres, tíos, primos o hermanos pese a ser de las personas que más querían. ¿Por qué? Porque esas personas a las que denominan “sin techo” se vuelven invisibles a nuestros ojos.

Poco después, y cuando aún estaba tratando de digerir cómo los seres humanos podemos irnos insensibilizando hasta tal punto, la imagen que ilustra este post hizo que se me partiera el alma, porque cada vez son más los cajeros automáticos en los que por la noche ves a personas, cargando con lo poco que les ha dejado la vida, para tratar de dormir con un poco menos de frío o humedad. O por las mañanas ves las mantas que te cuentan lo que ha ocurrido una noche más…

Recuerdo que cuando me fui a estudiar a Madrid lo pasaba fatal por los niveles de pobreza que veía -y que por suerte entonces no se conocían en un sitio pequeño como Ciudad Real, donde casi conocías a todos los que pedían- y sobre todo por la indiferencia: personas que pedían una ayuda en el metro y ni siquiera los miraban.

Sí, ya sé lo que podéis pensar, que en una metrópoli como Madrid hay gente que vivía, y vive, de ello y que son auténticas mafias. Pero también había gente que de verdad lo necesitaba, porque estoy hablando del año 1994, cuando otra crisis económica, aunque no tan brutal, dejaba a un 24% de la población en el paro.

Aquello parecía estar muy lejos entonces de Ciudad Real. Pero hoy, poco a poco, y salvando las distancias porque jamás podría comparar una ciudad con más de tres millones de habitantes con una que no llega a los 75.000, cada vez la cara de la pobreza está más presente en la capital y lo peor es que ellos también se vuelven invisibles para nosotros. En la mayoría de los casos no los vemos y seguimos nuestro camino.

A veces quiero pensar que no es insensibilidad, que no los vemos simplemente porque es difícil mirar el dolor ajeno y mucho más cómodo cerrar los ojos ante él. También en que lo aceleradas que se han vuelto nuestras vidas no nos dejan mucho margen para detenernos un momento. Pero otras… Otras no sé qué pensar, por comentarios como los que he escuchado de “a saber lo que haría para encontrarse ahora así”, “seguro que bebía o jugaba”…

Juzgamos casi todo en esta vida con demasiada ligereza sin saber de lo que hablamos, cuando quizá si conociéramos muchas de esas historias -y yo por mi profesión he conocido algunas- no lo haríamos porque un mal golpe de suerte en la vida puede definir tu futuro y llevarte a una situación que jamás habría imaginado.

De hecho, recuerdo que en un reportaje que hice sobre el reparto de las ayudas de emergencia de la Diputación, lo que más se me quedó grabado es que la mayoría de quienes las solicitaban eran como yo, que hace unos años tenían su trabajo, su hipoteca, su coche… Se quedaron en paro y ahora a duras penas pueden alimentar a sus hijos. Y eso tiene que ser lo más difícil en esta vida.

Sé que esos casos no son tan extremos como los de quienes viven en la calle, pero es que si la situación sigue como ahora, no sabemos lo que podría ocurrir, ya que cada vez son más las familias que viven de los abuelos, y cada vez más -según me reconocían desde Cáritas- las que los están perdiendo porque fallecen y se quedan completamente desamparados.

Y todo esto lo cuento en un día en el que he tenido que oír análisis triunfalistas sobre los datos del paro, a pesar de que cada vez son más los parados de larga duración a los que esta sociedad que estamos creando no les da una oportunidad, los rechaza y los expulsa del sistema, como si fueran objetos con esa tan nombrada “obsolescencia programada” a partir de la que dejan de funcionar.

Pero es que nosotros no somos máquinas, ni objetos que desechar, sino como dice el cartón sobre el que durmió alguien la noche de que tomara la fotografía, “recuperables”. Me niego a creer eso de que “nadie es indispensable” porque creo que todos lo somos, si no para la sociedad en general, sí para quien nos rodea y nos quiere.

Por eso es hora de que todos miremos en nuestro interior y pensemos que podemos hacer. Es cierto que las administraciones, y los políticos que las ocupan, son las primeras que deberían dar un paso al frente y tomar decisiones acertadas, valorando cuáles son aquellas cosas pagadas con el dinero de todos que son prescindibles, y las que no lo son como la educación, la sanidad y las prestaciones sociales.

Sin embargo no es sólo la hora de mirar sólo a los demás, y hablo por mí misma porque no soy quien para decirle a nadie lo que es mejor hacer, sino a nosotros mismos para ver en qué podemos echar una mano y ser solidarios.

Sí, creo más en la solidaridad que en la caridad, al menos como muchos la entienden hoy en día de dar lo que sobra para sentirse bien. Es mejor echar una mano al que tienes al lado, a lo mejor no a través de gran cosa porque no hay. Aunque la verdad, en tiempos como estos casi que el motivo de por qué se ayuda se diluye, ya que lo importante es que se haga.

No me enrollo más y siento lo que me he extendido. Pero, si habéis llegado al final, sólo espero que, al menos, estas líneas os hagan reflexionar, igual que esta canción de Phil Collins -Another day in Paradise-, que me encanta y con la que me despido hoy, para que luego cada uno tome, en conciencia, la decisión más acertada de lo que puede o no puede hacer. Pero, al menos, no cerremos los ojos y devolvámosles su visibilidad.

Anuncios

Acerca de Merche Camacho

Periodista y apasionada de la vida... Que sólo busca un pequeño espacio de reflexión y de fantasía en estos tiempos tan acelerados...

4 Respuestas a “Invisibles…

  1. gemma

    Merche, un tema muy bueno para el blog.Espero que nos haga reflexionar a todos y que cuando pasemos junto a gente menos afortunada seamos capaces de ponernos en su lugar. Pensemos que aunque nuestro gesto-ayuda-donativo parezca pequeño…poco a poco si todos colaboramos sera grande.

    Me gusta

  2. Difícil solución, pero la solidaridad crece en este país, gracias a Dios. Es lo único que nos queda!!!!

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Archivos

Follow Merche Camacho on WordPress.com

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Diccineario

Cine y palabras

RECORTES DE MI MUNDO

Otro sitio más de WordPress.com

Hoy me como el mundo

Mesas dulces para fiestas temáticas, diseño de blogs wordpress, imprimibles y más...

David Jimenez

Blog de David Jimenez

telodigosindecirlo

realidad interpretada

sinmiedosniexcusas

"La felicidad es vivir en armonía con uno mismo". Inés Canal

A %d blogueros les gusta esto: