No puedo decir feliz 2018 cuando a Diana Quer la mató el machismo (y no si era ‘fresca’ como algunos decían)

2018

Pensaba escribir mi último post del año haciendo algo de balance pero sobre todo con esos buenos deseos para todos tan característicos en estos tiempos, fundamentalmente salud porque con ella se pueden sortear casi todos los demás problemas. Sin embargo el alma no me pide despedir el año simplemente con un feliz 2018, aunque os lo desee de corazón-

Aún a riesgo de que algunos y algunas no lleguéis al final al ver que no es un meme o un texto emotivo, no quiero olvidar que acabamos el año con una de las peores noticias posibles, porque jamás debemos sensibilizarnos a que sea una más. Ha aparecido el cadáver de Diana Quer, desaparecida desde hace más de 400 días en los que los juicios paralelos no han dejadp de sucederse porque siempre la primera culpable es ella: la víctima.

De Diana Quer escuchamos muchas cosas culpabilizándola de la situación, algunas “sotto você” y otra con la complicidad de los medios de comunicación, aunque ahora todo el mundo lo niegue hasta tres veces como San Pedro, o incluso más.

De esta joven, de la que ahora escucharemos por parte de los mismos que era una gran chica con un gran futuro y mucha vida por delante, tuvimos que escuchar/leer/ver que era algo “fresca”, que vaya forma en la que vestía, que menuda pose tenía en las fotos o que le gustaba salir y que cómo bailaba -¿qué quieren que haga una chiquilla con la mayoría de edad casi recién cumplida?-.

Leimos/escuchamos/vimos que había ido a cambiarse y que seguro que se había fugado con alguno porque además su madre -de nuevo la mujer- era mala, malísima. Sin embargo, el tiempo -para nuestra desgracia- ha acabado dándonos la razón a muchos que desde el principio pensamos que no pintaba bien.

Porque a Diana Quer la ha matado la VIOLENCIA MACHISTA independientemente de como visitiera, de los selfies que se hiciera, de como bailara o de lo que le gustara divertirse como a cualquier chiquilla de su edad.

Aqui sólo hay un culpable: el asesino, ese que ahora sorprende a sus vecinos y hasta oiremos que era una buena persona, pero que no es más que otro machista que cree en su supremacía sobre la mujer, lo que le da derecho a hacer con ella lo que le de la gana porque sólo son unas “zorras”.

El caso de Diana no será considerado violencia de género porque no existía una relación previa con su agresor aunque está claro que sólo hubo una razón por la que la asesinaron, que sólo hay un perfil común en las víctimas: ser mujer.

Cerramos el año con casi medio centenar de mujeres menos, eso según las cifras oficiales del Gobierno, al margen de los casos en investigación, y sin contar a las asesinadas por hombre con quienes no tenían relación. Si de verdad la sociedad no considera de una vez que es terrorismo y que debemos abordarlo como tal, que se pare el mundo que yo me bajo.

Educación, educación y educación, además de recursos para atender que ya tienen un verdugo en su vida. Penas más severas que no los deje estar en la calle a los dos días porque se ha comprobado que no sirven de casi nada porque se las saltan -¿quién es un juez para decirles a ellos que no pueden acercarse a “su propiedad”-.

Y, por favor compañeros periodistas, nosotros también tenemos que ver mucho en esa educación por la responsabilidad social que debemos tener y la ética que nos enseñaron en la facultad: Basta de que las mujeres se mueren, porque las matan, o de titulares como “entierran a la víctima del accidente de Benicassim” porque ella no se subió a ese coche voluntariamente.

Aunque algunos no hayáis llegado hasta aquí, lo que realmente me sale del alma ahora es desearos un Feliz 2018 libre de violencia machista y lleno de igualdad. Por el bien de todos, no sólo de las mujeres como piensan algunos. Los hombres sois nuestros compañeros y complices. Los machistas no.

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#NiUnaMenos

Mientras hay colectivos que atacan y vilipendian importantes herramientas para lograr la igualdad efectiva como el feminismo -que nos ha permitido avanzar a las mujeres durante décadas pese a que ahora se trate de tachar de feminazismo- o la Ley contra la violencia de género, lo cierto es que el número de mujeres asesinadas no deja de crecer. Contando solo las víctimas mortales asesinadas por su parejas, este año ya van 44 mientras Castilla-La Mancha ostenta el cuarto puesto en este triste ránking. En Ciudad Real, el terrorismo machista le ha costado la vida a dos mujeres, una adolescente y dos niños sólo porque dos asesinos decidieron que tenía todos los derechos sobre ellos. Por eso es más necesario que nunca la complicidad de todos –hombres y mujeres, instituciones y sociedad- para erradicar esta lacra.

En el momento de escribir estas líneas, y según fuentes del Gobierno, 44 mujeres -45 cuando finalmente lo he publicado- han sido asesinadas por los hombres a los que un día amaron, quizá hasta el final. Por los hombres en quienes confiaron a ciegas, con quienes decidieron compartir su vida y su intimidad pero que acabaron demostrando ser cualquier cosa menos hombres al arrebatarles cobardemente sus vidas porque consideraban que ellas eran de su propiedad.

Y digo en el momento de escribir porque, por desgracia y a pesar de hallarnos inmersos en pleno siglo XXI, el número de mujeres asesinadas no deja de aumentar -sin hablar aún de las que sufren malos tratos físicos y psicológicos a diario-. A esta cifra oficial del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad se suma el triste y deplorable récord de que este 2017 es el año en el que más menores han sido asesinados por aquellos que tenían la obligación de protegerles, cuidarles y amarles por encima de todas las cosas. Sin olvidar que los agresores han dejado huérfanos a 23 niños.

Retroceso

También ha sido un año especialmente duro en la provincia de Ciudad Real ya que comenzó en febrero con el asesinato de Ana Belén y su hija -de tan sólo 18 años- y continuó en marzo con el de Ana María y sus dos hijos -una niña y un niño de 5 y 8 años-. En ambos casos el agresor fue el marido, en el primero de ellos detenido tras los hechos y en el segundo muerto tras suicidarse arrojándose por la ventana después de cometer los crímenes: Se matan, pero siempre llevándose por delante a quienes creen de su propiedad.

Todos estos datos ocultan un problema muy grave: un terrorismo machista que casi se ha cobrado ya más víctimas que el terrorismo de ETA porque mientras los etarras asesinaron a 858 personas desde 1960 hasta que abandonaron las armas en esta década -es decir, en casi 50 años- los machistas han asesinado a 915 mujeres en poco más de una década, desde que en 2003 el actual Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad empezó a contabilizar las víctimas de violencia de género. Antes, simplemente eran ‘crímenes pasionales’.

Y, como suele ocurrir por desgracia cuando un suceso ocurre con cierta frecuencia, la sociedad corre el grave riesgo de insensibilizarse de forma que cada una de las mujeres o niños asesinados dejan de ser un rostro o una historia de vida para convertirse en una cifra más, en una estadística.

Violencia de género

Víctimas de la violencia de género con rostro

Pero no son una estadística: Son mujeres con nombre, con rostro, de edades muy diversas a partir de los 20 años, con perfiles profesionales y situaciones económicas muy diferentes. Todas tienen sólo una cosa en común: Ser mujeres. Ese ha sido el único motivo real porque sus parejas se han creído con el derecho de estrangularlas, descuartizarlas, acuchillarlas, acribillarlas y, en definitiva, asesinarlas de las formas más dolorosas posibles ante sus hijos -una nueva forma de violencia que el hombre usa, asesinándolos para destrozar a la madre-, su familia o sus amigos. Y en otros casos, en la más absoluta intimidad para que nadie pudiera escuchar jamás sus gritos de terror y ayuda.

Pero no son sólo cifras. Detrás de ese número de 43 se encuentran las vidas, las historias, los rostros y las familias de Matilde Teresa -Madrid, 44 años-, Estefanía -Madrid, 24-, Toñi -Huércal (Almería), 33-, Blanca Esther -Burlada (Navarra), 48-, Virginia -O Carballino (Ourense), 55-, J.D.L.M. -Seseña (Toledo), 40-, Cristina -Mora (Toledo), 38-, Carmen -Súria (Barcelona), 79-, Laura -Seseña (Toledo), 26-, Ana Belén -Daimiel (Ciudad Real) 46-, Margaret -Campello (Alicante), 79-, Leidy Yuliana -Santa Perpetua (Barcelona), 34-, Gloria Amparo -Valencia, 48-, Dolores -Gandía (Valencia), 47-, una mujer de 92 años en -Villanueva del Fresno (Badajoz)-, Erika Lorena -Madrid, 32-, Ana María -Campo de Criptana (Ciudad Real), 42-, Yurena -Telde (Gran Canaria), 23-, Viky -La Laguna (Santa Cruz de Tenerife), 44-, Andra Violeta -El Alquián (Almería), 24-, Rosa -Barcelona, 45-, Raquel -Alcobendas (Madrid), 44-, María del Rosario -Alcolea del Río (Sevilla), 39-, Eliana -Madrid, 27-, Susana -Madrid, 55-, Beatriz -Molina de Segura (Murcia), 31-, Valentina -Collado-Villalba (Madrid), 38-, Encarnación -Las Gabias (Granada), 55-, Encarnación -Sevilla, 39-, Fawda -Salou (Tarragona), 29-, María del Carmen -Huéscar (Granada), 66-, Irina -Valencia, 32-, Mª Raquel -Getafe (Madrid), 63-, Mª Ana Belén -Santa Cruz de Tenerife, 38-, Marisela -La Llagosta (Barcelona), 48-, Catalina -Totana (Murcia), 48-, María Sofía -Arroyo de la Luz (Cáceres), 42-, Rosa María -Cartagena (Murcia), 20-, Noelia Noemí -Sestao (Bizkaia), 32-, Ana Belén -Miranda de Ebro (Burgos), 44-, María -Rubí (Barcelona), 66-, María Dolores – El Burjulú, Cuevas del Almanzora (Almería), 38-, L.H.R. -Arona (Tenerife), 28- y Jessíca -Elda (Alicante), 28 años-. Todo ello sin contar tres casos más en los que el Ministerio mantiene abierta la investigación de los hechos y que las asociaciones en defensa de las mujeres víctimas de violencia elevan aún mucho más esa cifra con asesinatos no contabilizados por diversas circunstancias por el Gobierno. Y la mujer de origen alemán embarazada asesinada el 24 de noviembre.

Violencia de género

Perfil: Ser mujer

Una lista interminable, pese a lo que a veces ocupa menos tiempo en los medios de comunicación que otro tipo de noticias, que debería ser la vergüenza de un país en el que, lejos de avanzar, se está retrocediendo en materia de igualdad, hasta el punto de que cada vez más chicas jóvenes sufren violencia de género, en la mayoría sin ser conscientes de ello y por un mal entendido ‘amor’ que de amor no tiene nada.

En lo que va de año, el 60% de las mujeres asesinadas tenían entre 31 y 50 años y en el 66,7% de los casos eran españolas, frente al tópico de asociar el machismo y el patriarcado a determinadas culturas extranjeras, al igual que casi el 70% de los agresores eran -porque 10 de ellos se suicidaron- o son españoles.

Cierto es que la crisis ha supuesto un importante varapalo en el avance hacia una igualdad real, aunque no es menos cierto que ha sido más fácil recortar de este capítulo porque quizá no había un convencimiento absoluto del problema que supone.

Sin embargo, no podemos echarle toda la culpa a las administraciones ya que la sociedad también tenemos nuestra parte destacada de responsabilidad como consecuencia de un machismo más enraizado de lo que pensamos, tal y como se puede comprubar en cientos de ejemplos micromachistas que asumimos como normales en la vida cotidiana.

Y, además, quizá esa insensibilización provocada por el lento pero constante avance de la violencia machista hace que una gran parte de la sociedad permanezca algo adormilada mientras está claro que algo no se hace bien si el 81% de las víctimas mortales no habían presentado ninguna denuncia.

Violencia de Género

La mayoría no denuncia

Y frente a esa ausencia de denuncias de las víctimas, desde sectores más ultraconservadores se dedican a calificar de “feminazis” a quienes denuncian esta situación, continuando así con el uso del término que fue popularizado por el locutor de radio estadounidense Rush Limbaugh, conservador ligado al Partido Republicano, para referirse a las mujeres que defendían el derecho al aborto y que él parecía asociar al Holocausto.

Término que aprovechan para enlazar con la teoría que a ciertos colectivos les interesa difundir de las denuncias falsas contra hombres por parte de las mujeres, pese a que la realidad de las cifras dice todo lo contrario: La propia Fiscalía General del Estado reconoce que el número de denuncias falsas por violencia de género presentada por mujeres no llega al 0,01% -ni de lejos la cifra que se da en otro tipo de delitos-.

Entre 2009 y 2016 las condenas por denuncias falsas fueron 79, frente a las 1.055.912 denuncias por violencia de género presentadas en esos ocho años. “El escasísimo porcentaje de causas incoadas cada año por delito de acusación y denuncia falsa” es “suficientemente elocuente para rebatir las voces que se alzan en torno a la prevalencia de denuncias falsas en materia de violencia sobre la mujer”, indica el Ministerio Público en su Memoria 2016.

En concreto, se presentaron 142.893 denuncias por violencia machista y, en ese mismo año, se abrieron 16 causas por delito de acusación y violencia falsa, de las cuales dos fueron archivadas o sobreseídas y las 14 restantes se encuentran en tramitación.

La Fiscalía detalla que, de las 1.055.912 denuncias por violencia de género entre 2009 y 2016, se incoaron 194 causas por denuncias falsas suponiendo un 0,18%. De ellas sólo han acabado en condena 79 (el 0,0075%) y, si se les suma las 110 causas en tramitación -pendientes de fallo-, el porcentaje es 0,01%.

Jóvenes

Otra de las cuestiones más preocupantes sobre la situación actual de la violencia de género es el incremento de comportamientos agresivos en los más jóvenes con el consentimiento de las jóvenes que ven como “actos de amor” hechos de control y maltrato como la revisión del móvil, la prohibición de relacionarse con determinadas personas que a él no le parece bien o hasta que les dicten lo que se tienen que poner. Escuchar que más del 27% de los jóvenes ve normal la violencia en la pareja de género, pone la piel de gallina.

Mientras se usan términos como ‘feminazi’ para tratar de socavar la influencia del feminismo -atacando su reivindicación básica que es la igualdad entre sexos-, el número de mujeres asesinadas no deja de crecer en nuestro país, siendo el 70% de asesinos españoles.

A eso se suma, como reconoce también la Fiscalía General del Estado, el “notable incremento” de la violencia de género digital entre adolescentes y jóvenes ya que las redes sociales constituyen el principal medio de comunicación entre ellos y, a la vez, facilitan el control, la vigilancia y la presión sobre la pareja, aprovechando además el anonimato y la “gran repercusión” que la red tiene.

Por ello, este organismo advierte de la “necesidad” de que las administraciones competentes adopten las medidas precisas para garantizar en el ámbito de la educación la transmisión de valores de “igualdad, respeto y no discriminación”, de forma que se siga avanzando, en lugar de retrocediendo, en la lucha por la igualdad.

Complicidad

En definitiva, la violencia de género es un problema realmente complejo que requiere de la complicidad de todos -hombres y mujeres; instituciones y ciudadanos- para tratar de minimizar sus consecuencias hasta lograr su erradicación definitiva a través de la educación y de la inversión en recursos que permitan alcanzar una igualdad real y plena a las mujeres para que, en caso de topar con un maltratador, dispongan de las herramientas necesarias para separarse de él.

Y eso obviando que hemos dejado de lado -no por importancia sino por falta de espacio- otro tipo de violencias como las violaciones tan de actualidad algunos tipos de violencia como las violaciones desgraciadamente tan de actualidad por el juicio contra la ‘manada’ en la que actuaciones judiciales como aceptar la grabación de un detective privado supone una nueva “violación” a la víctima y lanza un mensaje que como sociedad no nos podemos permitir: Mujer no denuncies porque la enjuiciada serás tú. No lo consintamos.

Y, por supuesto que el maltrato de un hombre hacia una mujer no es una cosa de pareja sino que nos incumbe a todos y tenemos que buscar la fórmula para que el silencio deje de ser el mejor cómplice del maltratador.

Un silencio que quiero contribuir a romper. Porque no queremos #Niunamenos.

170 años para ser iguales

La igualdad de género podría retrasarse hasta 170 años, hasta el 2186, al frenarse de forma drástica los avances en esa materia, según el informe Global Gender Gan Report 2017 del Foro Económico Mundial, que se presentó hace unos días y que tiene en cuenta la educación, la salud y supervivencia, las oportunidades económicas y el poder político.

La situación lejos de mejorar, ha empeorado aunque sea muy ligeramente porque, en general, se ha cerrado el 68% de la brecha de género a nivel global mientras que en 2016 y 2015 la brecha fue de 68,3 % y 68,1 %, respectivamente.

Después de haber analizado 144 países, encabeza el índice del Global Gender Gap Islandia,mientras que para encontrar a España en esta lista es necesario descender hasta el puesto 24, lo que supone una recuperación de cinco puestos que aún quedan lejos de los 11 perdidos en el último lustro.

De esta forma, la brecha salarial entre hombres y mujeres en España -con lo que conlleva de desigualdad y de impedimento para acceder a la igualdad efectiva- es mayor que en países que están por delante de nosotros en este informe como Barbados, Burundi o Suiza.

(Si queréis leer más, heelaborado un suplemento especial sobre la violencia machista y cómo romper el círculo de la violencia de género)

POR FAVOR, escuchad la letra de esta canción. Y reflexionad. Con eso me conformo

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